sábado, 20 de mayo de 2017

Ñoquis integrales veganos


Con toda información nutricional que tenemos hoy en día parece que a todos nos pica el gusanillo de comer un poco más saludable.

Que si comer de todo, prescindir de carnes y pescados, prescindir de todo alimento con origen animal, nada de hidratos, nada de grasas... Una locura. Cada uno a lo suyo y todo a lo de todos criticando este tipo de alimentación o la otra.

En lo que parece que sí estamos todos de acuerdo es en los beneficios que aportan los alimentos integrales sobre los refinados. Así que, ¿qué te parece si modificamos recetas de siempre para darle un toque más nutritivo?

En su día te enseñé a hacer ñoquis, pero ahora quiero enseñarte a hacer ñoquis integrales. Sí, la elaboración es la misma, pero el resultado es mucho mejor. Lo bueno de los ñoquis es que los podemos hacer por tandas grandes y congelarlos. De este modo no nos rendiremos ante las pastas industriales que llevan de todo menos cositas sanas.

¿Te apetece apuntarte a esta nueva moda de comida saludable?

A mí siempre me gusta sumarme a comer un poquito mejor, así que déjame compartirlo contigo.

Verás que los ñoquis "normales" llevan más cantidad de harina que los integrales. Esto es porque la harina integral absorbe más humedad que la refinada. Pero el proceso de elaboración es exactamente el mismo.

Ingredientes:
  • 400 gr de patatas.
  • 50 gr de harina integral de trigo.
  • 1 cucharadita de sal.

Elaboración:

  • Cuece las patatas con piel. Lávalas e introdúcelas en una olla con abundante agua. Deja cocer durante 20 minutos aproximadamente. Hasta que estén tiernas.
  • Una vez cocidas, escúrrelas y déjalas enfriar un poco. Pélalas y en un bol machácalas con un tenedor hasta hacerlas puré.
  • Añade la harina y una cucharadita de sal, amasa el conjunto hasta conseguir una masa lisa y homogénea.
  • Divide la masa en varios trozos y ve formando con ellos canutillos de un grosor aproximado de 1’5-2 centímetros. Corta los canutillos con la ayuda de un cuchillo en trozos de 2 cm aproximadamente.
    Inmediatamente después presiona los ñoquis con un tenedor para hacer el dibujo.
  • Una vez hechos cuécelos en una olla con abundante agua. Échalos una vez que el agua esté hirviendo. Ten en cuenta que los ñoquis crudos se hunden, pero cuando estén hechos flotarán. Así que cuando floten sácalos con ayuda de una espumadera. Esto tardará un par de minutos.
  • Colócalos sobre un paño limpio o papel absorbente para escurrir el agua y añádelos inmediatamente a la salsa que hayas preparado.





Notas.
  • Si la salsa aún no está terminada y han de esperar los ñoquis, úntalos con un poquito de aceite para que no se peguen.
  • Puedes hacer de más y congelarlos. A la hora de hacerlos procede del mismo modo. Échalos congelados en el agua hirviendo y sácalos cuando floten. Ten en cuenta que, al estar congelados, enfriarán el agua, así que échalos de pocos en pocos para no perder el hervor.
¿Te ha gustado el artículo? ¡COMPARTE! Me harías muy feliz.
  • Si te has animado a preparar esta u otra receta y quieres compartir tu foto y tus comentarios con el mundo, ponte en contacto conmigo y envíamelo. Me encantaría compartirlo en mis redes.
  • Si no sigues una dieta vegana recuerda que tengo a la venta mi curso para aprender a cocinar desde cero. Aquí tienes toda la información y yo te acompañaré en el camino.
  • Y si eres aficionado a las video-recetas SUSCRÍBETE a mi canal de Youtube.

martes, 14 de febrero de 2017

Querido Valentín





Querido San Valentín.

Y digo “San” porque ya estás frito.

He leído sobre ti y me ha impresionado. Hasta ahora no te conocía. Había escuchado hablar de ti, porque todos los años hay un día festivo en tu honor, pero si te soy sincera no tenía ni la más remota idea de a qué te dedicabas, ni cuándo, ni por qué la habías palmado. Sí, eso lo tenía claro. Aquí solo hacemos santos a los fiambres.

No sé por tu época, allá por el S.III, pero ahora funciona así. Cuando alguien está vivo es un cabrón, pero cuando la espicha, da igual lo cabrón que haya sido, todo el mundo le llora y es un santo. No se le otorga el apelativo de “San” como a ti, que le echaste huevos hasta que te dieron matarile, pero sí se les llora cual plañideras entregadas.

Me ha gustado saber que no eres un santo de esos de palo, que hiciste cosas guays por la gente, aunque quién sabe con la desinformación que hay hoy en internet. Pero el espíritu que infunde tu día me ha invitado a creer en lo que me cuenta la Wikipedia.

Así que he podido saber que casabas a soldados jóvenes, aun cuando el emperador Claudio te lo había prohibido porque creía que no rendirían en la batalla. Y, aunque no te haya salido muy bien la jugada, ¡olé por ti! Eso sí que es una oda al amor. Y seguro que esas parejitas jóvenes vivieron felices y comieron perdices.

Siento decirte, aunque con lo santo que eres probablemente te alegrará, que hoy en día nadie se acuerda de ti, y sólo recordamos a esas parejas enamoradas, lo estuvieran o no, que si hoy en día la gente se casa porque no tiene nada mejor que hacer, no quiero saber antaño.

El día que la palmaste se ha convertido en el día del amor, de las parejas, de los enamorados, de los regalitos cursis, de las flores, de las tarjetas, de demostrar... Así que, por una parte, gracias, siempre mola que el amor esté en el aire. Pero por otra me da un poco de pena, porque el resto del año parece que el amor es como Voldemort, y no se nombra ni se demuestra por miedo a que nos rebane la cabeza.

Esta mañana he ido a trabajar y he visto a un señor que llevaba un ramo de flores rojas y amarillas (se ve que él o la florista son muy patrióticos) a su parienta (o pariente, que ahora estamos muy modernos y ya no hay que esconderse de nada) y me ha inspirado una ternura tremenda. No he podido reprimir el Ohhhh, ohhhhh, ohhhhh mientras caminaba. Así que gracias por eso.

Pero, amigo Valentín, me da pena. Me da pena no volver a ver al señor hasta el año que viene. Me da pena que su parienta o pariente no reciba el desayuno en la cama hasta dentro de 365 días. Aunque pensándolo bien creo que ella te lo agradecería, porque no sé quién ha podido pensar que desayunar en la cama con una bandeja tambaleante y sin poder hacer siquiera pis es romántico.

Y es que, pensándolo bien, si te tiraste sabe dios cuanto tiempo casando a jovenzuelos de escaqueo, ¿por qué celebramos cuando te metieron en el hoyo? Al fin y al cabo es lo más triste de la historia.

No sé Valentín, sólo quería contarte lo que pasa por aquí y decirte que me parece muy guay todo lo que has hecho y que tienes un par de narices. También quiero pedirte que no te enfades por no celebrar tu muerte. Me acordaré de ti y tal, pero me da un poco de pereza hacer cursiladas justo ese día, cuando puedo hacerlas todos los días del año porque me sale del pie.

Porque además, ¿sabes qué? Quiero a un montón de gente. Y me quiero un montón a mí. Y si de lo que se trata es de querer pues… hoy me voy a acordar de ti entre colegas con unas cervezas y una buena tarta de chocolate, que los aniversarios del palo que sean están para celebrarlos.

jueves, 15 de diciembre de 2016

A ti



A ti, chica guapa. A ti, chica lista. A ti, chica perfecta en tus imperfecciones. A ti te digo que no te decepciones. Que te quieras y que no dependas.

Sí, eres tú, y lo sabes. Eres esa persona incapaz de estar sola, incapaz de afrontar la vida sin esa presencia al lado. Me dirijo a ti, chico, chica, hombre, mujer... A ti, persona perfecta en tus imperfecciones.

¿Por qué te empeñas en demostrar que tú sola no vales nada? ¿Por qué te empeñas en hacer ver que tú sola estás coja? ¿Por qué no eres capaz de afrontar la vida en solitario, que no sola? Unos días, unos meses, unos años... ¿Por qué no empleas ese tiempo en conocerte a ti, en descubrir lo que vales? ¿Por qué crees que es más interesante conocer a otros antes que conocerte a ti? Conocer a otros, querer a otros, mimar a otros...

¿Qué pasa contigo?

Te conozco. Te he visto sola y con pareja. He visto todo lo que tienes que aportar y cómo te apagas cuando dependes. Te he visto llorar, te he visto destrozada por una persona que no te valora. Te he visto reír y gritar de alegría cuando esa misma persona ha tenido un segundo para ti, para dar señales de vida y para decirte que igual le apetece echar un polvo contigo, un día, sin ataduras.

Te he visto odiarle por pegarte, y te he visto volver a sus brazos cuando te ha prometido no volver a hacerlo nunca más. Promesas frías, promesas vacías, promesas interesadas.

Te he visto culparte por su infelicidad. Te he visto sentirte fea cuando se ha ido con otra delante de ti. Te he visto arreglarte durante horas con ese brillo en la mirada para ver como se desvanecía cuando no te ha echado siquiera un vistazo. Te he visto resignarte a ser su juguete de fin de semana.

Te he visto odiarle y zanjar, por fin, pero también te he visto lanzarte a otros brazos antes de pasar tu luto para repetir el mismo error. De unos brazos a otros, de una relación a otra, de un error a otro. Con personas malas, con personas buenas, pero sin ti.

Me da igual que este no te pegue, me da igual que cambie las patadas por caricias, me da igual que te adore y que te quiera, si quien no te quiere eres tú.

Ya no te veo llorar por sus insultos, te veo libre de marcas, pero te veo pegada al teléfono, esperando esa llamada o ese mensaje sin importar las horas que pasen. Dejando correr el tiempo, sin disfrutar, sin aprovechar, sin descubrirte.

Podrías hacer tantas cosas... tienes tanto potencial... que me inunda de tristeza que se pierda entre las agujas de un reloj demasiado gastado.

Has dejado los estudios por amor, el trabajo por amor, la familia por amor. Por amor... amor... Cada vez que lo pienso me invade la risa y la angustia, eso no es amor. Es dependencia, es miedo, es pánico a volar.

Estás tan acojonada porque sabes que puedes. Sabes que el día que te conozcas, que te descubras, que desarrolles tu potencial, te querrás tanto que necesitarás a una persona a tu lado que te quiera tanto como te quieras tú.

Y, amiga, lo sabes, estás acojonada porque sabes que ese día llegará, y ese día no sabrás que hacer con tanto amor.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Y que frecuenten sitios






La he cagado.

Sí.

No es más que una piñata llena de mierda.

Lo sé.

Es como si forzáramos el vernos. No volveré allí y listo.

Me parece una buena decisión.

La he bloqueado. Ya no puede comunicarse conmigo.

Puede llamarte.

Nadie llama. Es ridículo.

Yo sí.

Nadie llama, nadie va a casa a picarte, nadie frecuenta sitios.

Qué triste.

Ahora si no hay Whatsapp no hay forma de quedar.

Yo quiero que me llamen, que me piquen, que me escriban cartas.

Lo sé.

Y que frecuenten sitios.

Si no hubiera vivido en la época en que no existían los móviles creería que es una utopía. Habría echado una carcajada inclinando la cabeza hacia atrás y entrecerrando los ojos.

Que te llamen, que te esperen en el portal, que te piquen por sorpresa, que te escriban cartas que huelen a tinta... Demasiado utópico, demasiado de peli americana, demasiado esfuerzo, demasiado al fin y al cabo.

Pero lo he vivido. Tengo un pequeño baúl con cartas de amor. Con cartas de amor y no amor. Tengo decenas de álbumes, esos de tamaño cuartilla, con fundas de plástico para meter las fotos y portada verde botella.

Tengo camisetas firmadas por mis amigos, garabateadas con dibujos ridículos, con dedicatorias pastelosas y con chistes malos.

Me han picado por sorpresa y he tenido que abrir en pijama o con la mascarilla puesta. He gritado ¡5 minutos! por el telefonillo y he descolgado el teléfono a la voz de ¿Quién?, porque no sabía quien estaba al otro lado. Me ha dado un vuelco el corazón al reconocer esa voz al descolgar y no al desplegar la ventana emergente del smartphone.

He corrido por no llegar a tiempo a los sitios, y he llegado con la cara roja, la respiración entrecortada y los pelos de loca. Nada de whatsapp de preaviso y eyeliner perfecto.

Si hoy me preguntaran diría que es tan sencillo enamorar... Al fin y al cabo la tecnología nos lo ha puesto fácil. Nadie espera lo tradicional, lo de antes, lo que conlleva un esfuerzo, lo que requiere echarle un par de huevos.

He sorprendido con escapadas románticas, con desayunos inesperados, con despedidas en el último minuto en la puerta de embarque, con visitas en otra ciudad, con notas debajo de la almohada. He escrito cartas, escogido canciones, recopilado recuerdos en álbumes, grabado vídeos, organizado fiestas sorpresa, abierto la puerta en picardías...

Me han sorprendido con escapadas románticas, mensajes de amor en el vaho del espejo, besos robados, fines de semana improvisados de un minuto a otro donde lo único importante eran las manos entrelazadas sobre la palanca de cambios. Flores en el trabajo, cartas en el buzón, visitas apresuradas y desayunos sorpresa. Paseos de la mano a los dos días de conocernos, largas conversaciones con las miradas clavadas y sin televisión de fondo, noches bajo las estrellas...

Es tan sencillo enamorar... demostrar, querer, valorar... que sería una aberración no creer en el amor. Sería ridículo no creer que existen dos personas compatibles capaces de demostrar, de tener esos pequeños gestos que digan Me importas. Porque para querer no se necesitan anillos caros, declaraciones en medio de un campo de fútbol, ni viajes a las Seychelles. Es querer. Son caricias, besos, risas, abrazos, ¿has dormido bien?, te echo de menos, tenía ganas de verte,  no te vayas de mi lado...

Es querer. Es llamar. Es buscar. Es estar. Es amar. 

jueves, 1 de diciembre de 2016

Por qué no ser amigos




Hasta el gorro, hasta las narices, hasta las pelotas, como más contundente suene. Quedar con un colega, tomarse una caña tranquilamente y tener que dar 1.500 explicaciones, porque no, porque un hombre y una mujer no pueden ser amigos. Porque es algo impensable, porque siempre tiene que haber algo más.

Olvídate, no puedes quedar con alguien del sexo opuesto sin ninguna intención escondida. No, no puedes tomarte algo y charlar y conocer porque estás dando pie. No, no te lo puedes permitir porque no tienes pene. Y eso es motivo para dar a entender que quieres más.

Ojalá tuviéramos algo en la cabeza que nos diferenciara de los animales. Ojalá tuviéramos capacidad de decidir. Ojalá fuéramos animales racionales. Y ojalá tuviéramos una especie de interruptor que pudiéramos apagar cuando viéramos a alguien del sexo opuesto para poder contener las ganas irrefrenables de ponernos a follar como conejos.

Cuánta hipocresía y cuánta pena. Qué pasa en este chalado mundo para que este sea el pensamiento dominante.

Siempre he sido muy de amigos, en general, sin matiz de género, porque para mí es todo igual. Me gusta conocer, hablar, descubrir, pasármelo bien. Sin ninguna intención. Y me da pena que a día de hoy sea cada vez más difícil.

¿Cómo vas a tomar algo con un chico si no quieres nada? Qué locura. Asegúrate de dejarle las cosas claras antes porque le estás dando pie.

Qué triste.

Es cuando ocurren estas cosas cuando la nostalgia me teletransporta 20 años atrás, al patio del colegio, cuando el sexo aún no había entrado en nuestras vidas. Cuando quedábamos para jugar, cuando nadie creía que eras una calientabraguetas por quedar con tu vecino para pasear al perro, o con tu compañero de pupitre para echar unas canastas. Cuando la inocencia era la reina. Cuando todo era más fácil. Cuando nos divertíamos sin segundas intenciones, riéndonos a carcajadas y embarrándonos hasta la nariz.

Es curioso ver cómo según crecemos en lugar de aprender desaprendemos. Aprendemos materias nuevas, nos sumergimos en libros de texto. Lengua, matemáticas, inglés… pero olvidamos valores. Por mucho que en la escuela se empeñen en decir que nos los inculcan. Es inevitable. Crecemos y llega la inseguridad, o la seguridad desbordante, la ambición, las primeras veces, los miedos, las expectativas, la necesidad de estar a la altura, llega lo complicado.

Llevo años dándole vueltas a esa teoría absurda. Lo he hablado con muchas personas, lo he meditado con la almohada y lo he sufrido en mis carnes. Quizá sea miedo. Miedo a abrirse y  dejarse ver. Miedo a encontrar una gran amistad que nuestra futura pareja no comprenda porque defiende la teoría del absurdo. Miedo a acabar sintiendo atracción porque en el fondo creemos que esas amistades no funcionan. Porque quizá el impulso animal gane la batalla al raciocinio.

O quizá es que el ser humano es tan egoísta que siempre quiere sacar tajada. Que no quiera salir de su zona de confort. Quedar, no congeniar, ni como amigos ni como nada. Que la conversación aburra, que no haya feeling, que nada fluya. Qué menos que un polvo de recompensa para justificar esa pérdida de tiempo.

¿Es esa la razón? ¿O no hay ninguna y simplemente somos tan planos?

Desde cuándo la sociedad se ha vuelto tan extrañamente moderna o absurdamente anticuada para que los actos de me caes bien se traduzcan instantáneamente por quiero acostarme contigo.

No. No quiero acostarme contigo. Me caes bien, me divierto contigo, la conversación fluye, me lo paso bien, me río… pero no quiero acostarme contigo. No funciona así. Al menos para mí.

Eso implica algo más. Una física, una química, una reacción, unos nervios en el estómago, unos balbuceos, tartamudeos, no saber qué decir, quedarte en blanco. Desear la coincidencia, esperar el timbre del teléfono, de la puerta, el vuelco en el corazón, encontrar una foto y quedarte sin aire. Un brinco interno al ver que entras, quedarte parada por encontrarte por sorpresa. Pensar dónde estarás y si estarás bien. Una conexión, un hormigueo, un todo.

No, no quiero acostarme contigo. Si quisiera lo sabrías. Y quizá tampoco quiera acostarme contigo aunque ya lo haya hecho. Quizá esté harta de eso, quizá te quiera conocer, quizá quiera hablar, quizá quiera saber qué pasa por tu cabeza, qué te hace sentir mal y que te pone eufórico.

Y quizá solo quiera tomar una cerveza, un café, reírme contigo y contarnos anécdotas. Salir a bailar, a tomar una copa, a dar una vuelta o a patinar. Sin malentendidos, sin presiones, sin teorías absurdas y sin comeduras de tarro.

Sí. Quiero amigos, quiero amigas, gente que suma, llámalo X.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Llámame loca




Llámame loca. De las de remate. De las que se emocionan con una sola canción. De las tocan la guitarra eléctrica imaginaria. De las que cierran los ojos y mueven la cabeza al son de las notas. De las que cantan y bailan por la calle, comedida si va sola y cuando cierra la puerta de casa empieza el apogeo. De las que cantan a grito "pelao", tiran los zapatos, dejan caer el abrigo al ritmo de la música y dan vueltas hasta desenganchar la manga.

Llámame loca. De las que abren la puerta con el tinte en la cabeza, en pijama, en bragas, o con masa de bizcocho en la frente. De las que el día que empiezan la dieta se zampan una pizza. De las que el día que se proponen madrugar es cuando más tarde se levantan. De las que fingen un orgasmo en el bar emulando aquella peli que tanto le gusta.

De las que gritan cuando se emocionan. De las que se emocionan con todo. Con un perro, con los charcos y con la coincidencia más chorra. De las que se ríen de vergüenza, de las que lloran de risa y de las que sueltan una carcajada en medio de la discusión más gorda.

De las bipolares. De las que ahora te quieren y al minuto de odian. De las que te comerían a besos y te echarían una mirada fulminante después. De las inconformistas, de las soñadoras, de las que buscan sus historias de peli. De las que no se entienden ni ellas.

De las que te quieren para reír a carcajadas pero disfrutan como una enana de su independencia. De las que se despiertan en posturas imposibles porque sus sueños han sido demasiado intensos. De las que se ponen nerviosas y balbucean cosas sinsentido cuando te ven porque le importas.

De las que no paran. De las que no saben lo que quieren porque lo quieren todo. De las que cantan, bailan, enseñan, cocinan, escriben, actúan, diseñan... de las que ¡todo!

De las que se valoran. De las que hoy todo y mañana nada. De las que hay que cuidar. De las que te cuidan. De las que valoran la amistad por encima de todo. De las que si quieres estarán ahí siempre, con sus incongruencias y con sus consejos locos.

De las que quieren volar, conocer, correr, saltar y tirarse por un puente. De las que parecen cuerdas y luego resultan ser la chota más chota. De las que inventan coreografías en la ducha. De las que corren por la calle.

De las que deciden un tatuaje en un minuto. De las que planean un viaje de 8 horas en un segundo para ir a un concierto en la otra punta de España. De las que no necesitan más que una sonrisa para emprender una aventura. De las que agarran el micro en el karaoke y cantan como si la fueran a nominar aunque su voz sea lo más espantoso del mundo.

De las que hablan solas. De las que tratan de hacerte sentir como de toda la vida aunque os hayáis acabado de conocer. Porque a la imbécil de ella no le gusta que la gente esté incómoda.

De las que disfrutan comiendo y se chupan los dedos hasta en el restaurante más pijo. De las que se suben a bailar a barras de bar. De las que no se cortan y van a por lo que quieren. De las que pasan de las reglas establecidas. De las que les importa un huevo la norma de las 5 primeras citas, o contar los días para llamar. De las que si quieren, quieren.

De las que sienten, de las que ríen, de las que lloran, de las que gritan, de las que disfrutan, de las que sonríen, de las que aman, de las que viven.


miércoles, 23 de noviembre de 2016

Fabas con setas

Que la fabada asturiana es el plato más agradecido del mundo mundial lo saben todos los asturianos. Aunque los de fuera estén recelosos ante esta afirmación, puedo asegurar que es cierta.Es una de esas recetas que no es receta. Es una de esas recetas que se hace del siguiente modo...

Todo a la pota y listo.

Sin más. Simplemente hemos de mirar la calidad de los ingredientes y, ¡ojo! Usar para cocinar las fabas el agua de remojo de las mismas. De esta forma aseguramos la terneza.

En cuanto al agua diré que yo uso agua del grifo depurada. No es por dármelas de interesante, pero es así. Tengo un aparato de ósmosis y tiro de él. Hasta entonces la hacía con agua del grifo normal. En Asturias el agua tiene una dureza media, así que es un agua perfectamente válida. Sería lógico pensar que en zonas de aguas más duras, las fabas tardasen más tiempo en enternecer por lo que, en estos casos, te aconsejo usar agua mineral. ¡Por si las moscas!

Pero vamos con las fabas con setas. Si bien la fabada se hace metiéndolo todo a la vez en la olla, las fabas con otra cosa que no sean carnes que requieren una cocción larga no. Véase las verdinas a la marinera, las fabas con setas que te voy a enseñar ahora, o los garbanzos con picadillo.

En estos casos utilizamos ingredientes que no necesitan una cocción prolongada, así que sería ridículo dársela. Por tanto, lo que debemos hacer en estos casos es, cocer las fabas por un lado y el ingrediente adicional por otro. Si queremos incorporar un sofrito podemos incluirlo a la hora de cocer las fabas (para que prácticamente se deshaga y solo notemos el sabor), o hacerlo junto al ingrediente adicional y añadirlo con este. Como todo... ¡cuestión de gustos!

Has de saber que los platos de legumbres suelen estar más ricos de un día para otro, ¡incluso dos! Porque aposentan los sabores y el propio almidón de la legumbre hace que el caldo quede más espesito y potentón. En todas las elaboraciones hemos de tener especial cuidado con la conservación pero en esta en particular más. Las setas son muy delicadas por lo que si lo hacemos de un día para otro debemos conservarlo en un recipiente hermético bien refrigerado.

He de decir, o si no exploto, que estas fabas el día de su elaboración estaban geniales, al día siguiente brutales, pero al tercer día era una barbaridad lo buenísimas que estaban. Ahí lo dejo.

Ingredientes (para 4 personas):
  • 300 gr de fabas.
  • 250 gr de setas (yo he usado shiitake, pero usa la combinación que quieras).
  • 1 cebolla.
  • 3 ajos.
  • 1 hoja de laural.
  • 1 cucharadita de pimentón dulce.
  • Unas hebras de azafrán.
  • 2 cayenas.
  • 150 ml de vino blanco.
  • Sal.
  • Aceite de oliva virgen.
  • 1-2 cucharaditas de polvo de setas deshidratadas (opcional).
Elaboración:
  • La noche anterior pon las fabas a remojo en abundante agua fría que las cubra. Deberán estar un mínimo de 8 horas para que doblen su volumen.
  • Empieza con el sofrito. Pela y pica la cebolla y dos ajos en brunoise. Reserva.
  • Pon la olla donde vayas  a cocer las fabas a fuego medio y añade un par de cucharadas de aceite de oliva. Echa la cebolla y ajos picados, una pizca de sal y sofríe hasta que la cebolla esté tierna y translúcida.
  • Mientras echa las hebras de azafrán en un poco de agua caliente para que vaya desprendiendo el aroma y color (como ves en el vídeo este paso es prescindible, puedes añadirlo a la olla directamente).
  • Cuando la cebolla esté pochada añade el pimentón y remueve bien para que no se pegue.
  • Incorpora las fabas, el agua de remojo, una hoja de laurel, el agua con el azafrán y las dos cayenas pinchadas en un palillo (para que floten y puedas retirarlas cuando quieras). Pon a fuego fuerte y, cuando hierva, baja la intensidad y deja hacer a fuego suave. Si ves que la temperatura se desmadra y empieza a cocer a borbotones asusta las fabas, es decir, añade un poco de agua fría. NUNCA HAN DE QUEDAR SIN AGUA. En el momento que veas que una mísera faba asoma a la superficie, hay que añadir un poquitín de agua o se pelarán. Del mismo modo NUNCA REMUEVAS CON LA ESPÁTULA. Hay que menear la olla por los asas para que no se rompa. Deja hacer un par de horas hasta que estén tiernas.
  • Mientras prepara las setas. Pela y pica el ajo restante en brunoise y las setas del modo que prefieras. Yo hago una especie de juliana con ellas, pero lo dejo a tu elección.
  • Echa un cucharada de aceite en una sartén y añade el ajo picado. Cuando haya cogido temperatura incorpora la setas y deja hacer hasta que se reduzca su volumen a la mitad.
  • Añade el vino blanco y sube el fuego para que se vaya evaporando el alcohol y el líquido. En este punto retira del fuego y reserva.
  • Cuando las fabas estén tiernas, retira el laurel y la cayena e incorpora las setas.
  • Dale un meneo a la olla para integrar los sabores y deja que dé un hervor suave. Rectifica de sal, y añade una cucharadita de polvo de setas deshidratadas. Deja hacer un par de minutos más y sirve o reserva hasta el día siguiente.




Notas.
  • El polvo de setas lo hago yo en casa. Muelo setas deshidratadas en un molinillo de café y dispongo de él como si de una especia se tratara.
  • Como siempre esta es mi versión. Puedes añadir más ingredientes al sofrito, usar la combinación de setas que quieras... ¡modifica a tu antojo!
¿Te ha gustado el artículo? ¡COMPARTE! Me harías muy feliz.
  • Si te has animado a preparar esta u otra receta y quieres compartir tu foto y tus comentarios con el mundo, ponte en contacto conmigo y envíamelo. Me encantaría compartirlo en mis redes.
  • Si no sigues una dieta vegana recuerda que tengo a la venta mi curso para aprender a cocinar desde cero. Aquí tienes toda la información y yo te acompañaré en el camino.
  • Y si eres aficionado a las video-recetas SUSCRÍBETE a mi canal de Youtube.