jueves, 24 de noviembre de 2016

Llámame loca




Llámame loca. De las de remate. De las que se emocionan con una sola canción. De las tocan la guitarra eléctrica imaginaria. De las que cierran los ojos y mueven la cabeza al son de las notas. De las que cantan y bailan por la calle, comedida si va sola y cuando cierra la puerta de casa empieza el apogeo. De las que cantan a grito "pelao", tiran los zapatos, dejan caer el abrigo al ritmo de la música y dan vueltas hasta desenganchar la manga.

Llámame loca. De las que abren la puerta con el tinte en la cabeza, en pijama, en bragas, o con masa de bizcocho en la frente. De las que el día que empiezan la dieta se zampan una pizza. De las que el día que se proponen madrugar es cuando más tarde se levantan. De las que fingen un orgasmo en el bar emulando aquella peli que tanto le gusta.

De las que gritan cuando se emocionan. De las que se emocionan con todo. Con un perro, con los charcos y con la coincidencia más chorra. De las que se ríen de vergüenza, de las que lloran de risa y de las que sueltan una carcajada en medio de la discusión más gorda.

De las bipolares. De las que ahora te quieren y al minuto de odian. De las que te comerían a besos y te echarían una mirada fulminante después. De las inconformistas, de las soñadoras, de las que buscan sus historias de peli. De las que no se entienden ni ellas.

De las que te quieren para reír a carcajadas pero disfrutan como una enana de su independencia. De las que se despiertan en posturas imposibles porque sus sueños han sido demasiado intensos. De las que se ponen nerviosas y balbucean cosas sinsentido cuando te ven porque le importas.

De las que no paran. De las que no saben lo que quieren porque lo quieren todo. De las que cantan, bailan, enseñan, cocinan, escriben, actúan, diseñan... de las que ¡todo!

De las que se valoran. De las que hoy todo y mañana nada. De las que hay que cuidar. De las que te cuidan. De las que valoran la amistad por encima de todo. De las que si quieres estarán ahí siempre, con sus incongruencias y con sus consejos locos.

De las que quieren volar, conocer, correr, saltar y tirarse por un puente. De las que parecen cuerdas y luego resultan ser la chota más chota. De las que inventan coreografías en la ducha. De las que corren por la calle.

De las que deciden un tatuaje en un minuto. De las que planean un viaje de 8 horas en un segundo para ir a un concierto en la otra punta de España. De las que no necesitan más que una sonrisa para emprender una aventura. De las que agarran el micro en el karaoke y cantan como si la fueran a nominar aunque su voz sea lo más espantoso del mundo.

De las que hablan solas. De las que tratan de hacerte sentir como de toda la vida aunque os hayáis acabado de conocer. Porque a la imbécil de ella no le gusta que la gente esté incómoda.

De las que disfrutan comiendo y se chupan los dedos hasta en el restaurante más pijo. De las que se suben a bailar a barras de bar. De las que no se cortan y van a por lo que quieren. De las que pasan de las reglas establecidas. De las que les importa un huevo la norma de las 5 primeras citas, o contar los días para llamar. De las que si quieren, quieren.

De las que sienten, de las que ríen, de las que lloran, de las que gritan, de las que disfrutan, de las que sonríen, de las que aman, de las que viven.


miércoles, 23 de noviembre de 2016

Fabas con setas

Que la fabada asturiana es el plato más agradecido del mundo mundial lo saben todos los asturianos. Aunque los de fuera estén recelosos ante esta afirmación, puedo asegurar que es cierta.Es una de esas recetas que no es receta. Es una de esas recetas que se hace del siguiente modo...

Todo a la pota y listo.

Sin más. Simplemente hemos de mirar la calidad de los ingredientes y, ¡ojo! Usar para cocinar las fabas el agua de remojo de las mismas. De esta forma aseguramos la terneza.

En cuanto al agua diré que yo uso agua del grifo depurada. No es por dármelas de interesante, pero es así. Tengo un aparato de ósmosis y tiro de él. Hasta entonces la hacía con agua del grifo normal. En Asturias el agua tiene una dureza media, así que es un agua perfectamente válida. Sería lógico pensar que en zonas de aguas más duras, las fabas tardasen más tiempo en enternecer por lo que, en estos casos, te aconsejo usar agua mineral. ¡Por si las moscas!

Pero vamos con las fabas con setas. Si bien la fabada se hace metiéndolo todo a la vez en la olla, las fabas con otra cosa que no sean carnes que requieren una cocción larga no. Véase las verdinas a la marinera, las fabas con setas que te voy a enseñar ahora, o los garbanzos con picadillo.

En estos casos utilizamos ingredientes que no necesitan una cocción prolongada, así que sería ridículo dársela. Por tanto, lo que debemos hacer en estos casos es, cocer las fabas por un lado y el ingrediente adicional por otro. Si queremos incorporar un sofrito podemos incluirlo a la hora de cocer las fabas (para que prácticamente se deshaga y solo notemos el sabor), o hacerlo junto al ingrediente adicional y añadirlo con este. Como todo... ¡cuestión de gustos!

Has de saber que los platos de legumbres suelen estar más ricos de un día para otro, ¡incluso dos! Porque aposentan los sabores y el propio almidón de la legumbre hace que el caldo quede más espesito y potentón. En todas las elaboraciones hemos de tener especial cuidado con la conservación pero en esta en particular más. Las setas son muy delicadas por lo que si lo hacemos de un día para otro debemos conservarlo en un recipiente hermético bien refrigerado.

He de decir, o si no exploto, que estas fabas el día de su elaboración estaban geniales, al día siguiente brutales, pero al tercer día era una barbaridad lo buenísimas que estaban. Ahí lo dejo.

Ingredientes (para 4 personas):
  • 300 gr de fabas.
  • 250 gr de setas (yo he usado shiitake, pero usa la combinación que quieras).
  • 1 cebolla.
  • 3 ajos.
  • 1 hoja de laural.
  • 1 cucharadita de pimentón dulce.
  • Unas hebras de azafrán.
  • 2 cayenas.
  • 150 ml de vino blanco.
  • Sal.
  • Aceite de oliva virgen.
  • 1-2 cucharaditas de polvo de setas deshidratadas (opcional).
Elaboración:
  • La noche anterior pon las fabas a remojo en abundante agua fría que las cubra. Deberán estar un mínimo de 8 horas para que doblen su volumen.
  • Empieza con el sofrito. Pela y pica la cebolla y dos ajos en brunoise. Reserva.
  • Pon la olla donde vayas  a cocer las fabas a fuego medio y añade un par de cucharadas de aceite de oliva. Echa la cebolla y ajos picados, una pizca de sal y sofríe hasta que la cebolla esté tierna y translúcida.
  • Mientras echa las hebras de azafrán en un poco de agua caliente para que vaya desprendiendo el aroma y color (como ves en el vídeo este paso es prescindible, puedes añadirlo a la olla directamente).
  • Cuando la cebolla esté pochada añade el pimentón y remueve bien para que no se pegue.
  • Incorpora las fabas, el agua de remojo, una hoja de laurel, el agua con el azafrán y las dos cayenas pinchadas en un palillo (para que floten y puedas retirarlas cuando quieras). Pon a fuego fuerte y, cuando hierva, baja la intensidad y deja hacer a fuego suave. Si ves que la temperatura se desmadra y empieza a cocer a borbotones asusta las fabas, es decir, añade un poco de agua fría. NUNCA HAN DE QUEDAR SIN AGUA. En el momento que veas que una mísera faba asoma a la superficie, hay que añadir un poquitín de agua o se pelarán. Del mismo modo NUNCA REMUEVAS CON LA ESPÁTULA. Hay que menear la olla por los asas para que no se rompa. Deja hacer un par de horas hasta que estén tiernas.
  • Mientras prepara las setas. Pela y pica el ajo restante en brunoise y las setas del modo que prefieras. Yo hago una especie de juliana con ellas, pero lo dejo a tu elección.
  • Echa un cucharada de aceite en una sartén y añade el ajo picado. Cuando haya cogido temperatura incorpora la setas y deja hacer hasta que se reduzca su volumen a la mitad.
  • Añade el vino blanco y sube el fuego para que se vaya evaporando el alcohol y el líquido. En este punto retira del fuego y reserva.
  • Cuando las fabas estén tiernas, retira el laurel y la cayena e incorpora las setas.
  • Dale un meneo a la olla para integrar los sabores y deja que dé un hervor suave. Rectifica de sal, y añade una cucharadita de polvo de setas deshidratadas. Deja hacer un par de minutos más y sirve o reserva hasta el día siguiente.




Notas.
  • El polvo de setas lo hago yo en casa. Muelo setas deshidratadas en un molinillo de café y dispongo de él como si de una especia se tratara.
  • Como siempre esta es mi versión. Puedes añadir más ingredientes al sofrito, usar la combinación de setas que quieras... ¡modifica a tu antojo!
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jueves, 17 de noviembre de 2016

Y dale con el calvo





Llamadme nostálgica, pero creo a ojos ciegos que nací en la época de la ilusión, del valorar.

En la época en que cuando caían 4 copos de nieve bajábamos al portal en pijama a hacer un muñeco de nieve que medía apenas un palmo. Cuando desayunábamos pan con mantequilla los fines de semana y nos sabía al desayuno más burgués del mundo.

Esa época en que mamá nos hacía las bolsas de palomitas en casa para poder ir al cine y sacábamos con orgullo al comenzar la película. Eran las palomitas de mamá. Cuando merendábamos bocatas de filetes de jamón en los que dejábamos el diente, pero que comíamos porque era lo que había y lo convertía en el mejor bocata del universo.

Eran tiempos de juegos, tiempos de risas.  Tiempos en que los espacios publicitarios duraban dos anuncios. Tiempos en que los teléfonos estaban para hablar y los medios de comunicación para comunicar. Nada de apps ni anuncios sensibleros.

Pero oh, cómo hemos cambiado. Ahora los niños no piden una onza más de chocolate o un segundo petit suisse. Ahora piden un iphone 7 porque el 6 ya está obsoleto, el ultimo modelo de Hunter o el primer piercing con 12 años.

Antes mirábamos, opinábamos y debatíamos. Ahora miramos, juzgamos y criticamos.

Ahora no hay negros ni mariquitas. Ahora hay afroamericanos y gays. Aunque lo digas de tu mejor amigo, aunque lo diga él de sí mismo y te pida a ti que te dejes de estupideces. Ahora las palabras hieren, aunque las digamos con una sonrisa, sin mala intención, con cariño y empatía.

Las palabras hieren, provocan, enfadan y encienden llamas. Pero no, la maldad no está en la boca que habla, está en el oído que escucha. Ahora debemos ir de puntillas. Antes podíamos decir lo que quisiéramos, dónde y cuando quisiéramos. Y si daba lugar a un malentendido se hablaba y santas pascuas.

Ahora tenemos redes sociales donde expresarnos, relacionarnos, desahogarnos y comunicarnos. Pero cuidado, piensa lo que dices. Piensa, reflexiona, escribe, guarda en borrador, edita y si estás seguro, publica. Aunque ni siquiera esto te garantice que no haya malentendidos. Malentendidos que no te dará tiempo a aclarar porque ya serás viral, ya habrás encendido la llama y ya tendrás suficientes justicieros que decidan lo que has querido decir por mucho que te empeñes en demostrar lo contrario.

No digas que te cae mal un extranjero porque eres racista, no digas que los niños de la mesa de al lado te molestan con sus gritos porque no tienes corazón, no digas que no te gustan los perros porque eres Cruella de Vil. Si comes animales eres un sádico, aunque hasta el día de hoy todos lo hacíamos. Especistas, animalistas, racistas, feministas, machistas, feminazis, fachas, podemitas, peperos... Todo es etiquetable. Todo menos lo bueno, por supuesto.

¿Qué pasa con el optimismo, con el disfrutar de la vida y con el ver el vaso medio lleno?

Antes veíamos un anuncio nostálgico y lo disfrutábamos o no, pero no creaba polémica. Era un anuncio, sin más. Ahora no. Ahora nos quitan al calvo del anuncio de la lotería y se monta la de dios es cristo. Ya ni siquiera es que guste o no. Ahora se riza el rizo. Nadie ve detrás el trabajo de unos publicistas que han estado quién sabe cuánto tiempo para tratar de mejorar el anterior. No se da una opinión sin más. Se buscan cinco pies al gato.

"Es una vergüenza, se ríen de la gente que está senil, de la gente que vive con una mínima pensión, de los que cobran el ínfimo salario mínimo, de los que no llegan a fin de mes. Es el gobierno que lo hace para ridiculizarnos, las tarjetas black, las cuentas en paraísos fiscales, los presupuestos descabellados..."

Señores, no es una vergüenza, es un anuncio. Vergüenza es que un anuncio de lotería dé lugar a tanta miseria y a tantos reproches.

Vergüenza es que vivamos amargados, que la gente no sonría ni haciéndole cosquillas, que casi tenga que arrancarme a bailar para sacarle una sonrisa y unos buenos días al panadero. Que ya no se estile el ayudar a la gente. Que se lleve el estafar, el pisar y el aprovecharse.

Vergüenza es que en los 7 minutos que dura mi vuelta del trabajo a casa me haya topado con una pelea de señores de 60 años que han llegado a las manos, pero con ninguna sonrisa. Una pelea y cero sonrisas en 7 minutos y 200 metros.

Vergüenza es que nos sorprenda más topar con buena gente que con mala. Que cuente la anécdota de lo maja que ha sido la chica con la que me tropecé en la frutería durante una semana porque es algo inusual. Y que sin embargo ni mente cuando me dan un empujón por la calle.

No me hartaré de decir...

¡Señores! ¡LA FELICIDAD ES CUESTIÓN DE ACTITUD!

No importa que no encontremos trabajo, que nuestra pareja nos haya dejado o que nos cueste llegar a fin de mes. Quien quiere sonreír, sonríe. Quién quiere ser feliz, lo es. Quien quiere contagiar alegría, lo hace. Y lo suelto así, sin tapujos, porque es la pura verdad. Y sí, esto debería ser releído y editado, porque ahora los parados me criticarán, los despechados me insultarán y los que tengan dificultades económicas me odiarán.

Pero ¿saben qué? Yo he pasado, paso y pasaré por alguna de esas situaciones o por todas a la vez a lo largo de mi vida. Y sonrío. Sonrío porque hace tiempo que me he sacado el palo del culo. Sonrío porque quiero, porque quiero vivir y disfrutar. Porque quiero reír, porque quiero querer, porque quiero compartir y exprimir cada momento. Porque no quiero pasar de puntillas por la vida. Porque no sonríe quien puede sino quien quiere.

Sonrío porque cada minuto cuenta y porque me importa una mierda el calvo de la lotería.

martes, 15 de noviembre de 2016

IX Campeonato de Pinchos de Gijón

Gijón de Pinchos, Gijón de Sidras... ¡Gijón!


Siempre me ha sorprendido que la gente escoja como destino vacacional mi ciudad. ¿Por qué? No es verano ni en verano. Llueve en julio, en ocasiones hace rasca en agosto y en diciembre... ¡qué decir!


Bien, ahora lo comprendo. Ahora que ya me he movido más por la geografía nacional puedo prometer y prometo que Gijón es el mejor sitio para vivir. Sí. Los 40 grados en pleno agosto para quien los quiera. Ya sean 40 grados en seco por el centro de España, que en "mojao" por la costa mediterránea.


¡Pa' quien los quiera!


Pero el quid de la cuestión no es ese. He de admitir que soy una gorda de mente. ¡Ojo! Que no demente, de mente. Me encanta comer pero mi esmirriado cuerpo de niña no parece demostrarlo.


Y eso sí que sí, amigos. Como en Asturias no se come en ningún lado. Tanto de calidad como de cantidad. Y eso hay que dejarlo patente. No nos vale que os vengáis de turisteo 15 días en agosto. No. Nos gusta gritarlo a los cuatro vientos. Que se sepa, que Asturias es lo más en lo que a gastronomía se refiere y Gijón... encabeza la lista.


Ahora los asturianos de otras zonas y los españoles no asturianos pueden tirárseme a la cabeza, pero es mi tierra y la defiendo como quiero.


Uno de mis certámenes favoritos es el de Campeonato de Pinchos de Gijón. También tenemos el Campeonato de Asturias, pero viviendo en Gijón... sobran las explicaciones. Pinchos, pinchos y pinchos, a todas horas, en todos los barrios, sin apenas mover el coche.


Este año son 117 los establecimientos participantes que compiten con su propuesta por la Escalerona de Oro, Plata y Bronce de esta edición.


Muchos son los aspectos que hay que valorar en un pincho. Sabor, presentación, técnica, que sea fácil de comer, que haga un buen maridaje con la propuesta del patrocinador de certamen... en esta ocasión Cruzcampo Gran Reserva.


Tengo que decir que adoro la cerveza. Pero si soy sincera la Cruzcampo no está entre mis favoritas. Sin embargo la Cruzcampo Gran Reserva está realmente buena. Palabra. Eso sí, es potente. Vamos que pega que no veas. Así que si os vais a probar unos cuantos pinchos, compartid cerveza, o acabaréis cantando el Asturias patria querida por la calle. Y no, esta práctica no es tan asturiana como se pinta.


Y ahora vamos a lo que interesa.[gn_note note_color="#ced5b7"]




  • ¿Hasta cuándo?


El Campeonato de Pinchos de Gijón se celebra del 11 al 20 de Noviembre.




  • ¿Hay pinchos a todas horas?


No. Para saber los horarios en que se sirven pinchos y los días de descanso de los establecimientos os podéis descargar el gastromapa. Ahí se pueden consultar los establecimientos participantes, sus propuestas, los horarios y las localizaciones.




  • ¿Cuánto?


El pincho tiene un precio de 2 euros estándar en cada establecimiento. Si acompañamos el pincho con la propuesta seleccionada (Cruzcampo Gran Reserva), podemos disfrutar de un precio promocional que oscila entre los 3'70 y los 4'5 euros, según establecimiento.




  • ¿Son contundentes?


Si quieres saber si puedes cenar a base de pinchos, rotundamente sí. Evidentemente los hay de todo tipo, más y menos contundentes, pero sí. Hazte con un gastromapa en el primer sitio que visites y a partir de ahí hazte tu ruta.




  • ¿Qué tipo de pinchos hay?


De todo tipo. Más tradicionales, más modernos. Dulces, salados. Con presentaciones de alucinar y con propuestas de toda la vida. El abanico es brutal. Iré mostrando en esta misma entrada los que vaya probando.




  • ¿Merece la pena?


Mucho. Tanto si te gusta comer, como si te gusta cocinar. Probarás, aprenderás, disfrutarás y tendrás mucho que contar.[/gn_note]


ALGUNAS DE LAS PROPUESTAS


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Como de costumbre, solo tres palabras CAMPEONATO DE PINCHOS.

¡Nos vemos en los bares!


Puedes obtener mucha más información de gente más seria e informada aquí.


[gn_note note_color="#ced5b7"]


LOS FINALISTAS


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miércoles, 9 de noviembre de 2016

En ocasiones escribo




32 primaveras, 32 veranos, 32 otoños, 32 inviernos... y me he pasado la vida escribiendo, que se dice pronto.

Desde que tengo uso de razón. Textos guardados en un cajón, en libretas, en borradores del correo electrónico, en el portátil, en el ordenador de sobremesa que ya no funciona. Textos que recupero cada día y textos que no recuperaré jamás, pero que tengo grabados a fuego en la memoria, dubitativos, pendientes de salir a la luz de nuevo, o no.

Pero ahora hay una diferencia, ahora lo publico. Ahora no me corto, ahora lo saco y me libero de ello. De lo que paso, de lo que siento, de lo que veo. No siempre mío, en ocasiones vuestro. Experiencias vividas, experiencias contadas.

Que sí, que hoy puedo hablar de mí, pero mañana no. Mañana quizá sea tu historia, que me cuentes, y que yo interiorice, interprete y escupa.

Porque no me cierro, porque me gusta vivir, sentir, empatizar. Quizá hoy te diga que no creo en el amor, y mañana te diga que soy una romántica empedernida. Quizá te diga todo en el mismo día.

Quizá hoy te diga que soy inmensamente feliz y mañana te cuente que no me he podido levantar de la cama. Porque soy persona, porque tengo mis días buenos y días malos, porque soy capaz de sacar la esencia a cada momento e inspirarme. Porque me inspiran las pelis de amor, las tragedias, los libros y los anuncios. La música de un piano, una imagen en un folleto de propaganda, o que un desconocido me sonría y me de los buenos días.

Indirectas, directas, palabras dedicadas, o palabras desafortunadas. Qué mal han hecho las redes sociales en este mundo. Cada vez más comunicados, pero cada vez menos comunicativos.

¿Por qué dirá eso? ¿Será por mí? ¿Será por otra? ¿Por otro?

Vueltas y más vueltas a la cabeza, martirizándose a cada palabra leída.

Hoy quiero ser cómplice de liberarte de esa presión. Quiero que dejes de contener la respiración, que vivas tu vida sin agobios, que te olvides del qué dirán, del qué pensarán. Quiero que sepas que quien quiera estar en tu vida estará, de una forma u otra. Y quien no quiera estarlo simplemente no aparecerá jamás.

Hoy quiero que sepas que hay personas que son más simples que todo eso. Hay quien escribe sin segundas intenciones, sin indirectas, simplemente porque le surge y le sale. Simplemente le gusta ese texto, esa imagen, ese sentimiento.

No es por ti, no te odia, no te quiere. O quizá sí. Pero si tu esperanza, tu felicidad, tu arrojo, o tus ganas de echarle narices a la hora de luchar por lo que quieres depende de una indirecta, de una imagen o de un texto interpretado para poder avanzar, entonces apaga y vámonos.

¡Vive, coño, vive!

¿Lo quieres? Vete a por ello.

¿No lo quieres? Déjalo ir.

¿Lo quieres? Díselo.

¿No lo quieres? Déjaselo claro.

Olvídate de redes, de indirectas, de publicaciones virales. Vivamos en una era comunicativa y demos una patada en el culo a la era de la comunicación.

Dónde han quedado las llamadas telefónicas, los paseos, las cañas, los "te pico en una hora", los "a las 19:15 en la plaza", los "me gustas", los "me gustaría que fuéramos amigos".

En lugar de eso tenemos audios, horas al whatsapp, últimas horas de conexión, mensajes leídos, no leídos, emoticonos de corazón, de besos malinterpretados, respuestas demasiado insistentes, respuestas escuetas, respuestas que no llegan.

No, eso no es para mí. Un solo texto y demasiadas personas dándose por aludidas, una foto y mucha gente ofendida, una publicación compartida y demasiados orgullos enaltecidos o heridos. Y al final lo único que querías era desempolvar un escrito, escribir la historia de aquella chica que has visto llorando de vuelta a casa, o continuar el relato de una película que te ha parecido incompleta.

No, definitivamente hasta que no nos liberemos de nuestras inseguridades y de nuestros fantasmas, la era de la comunicación no es para mí.

martes, 8 de noviembre de 2016

Falafel con salsa de yogur



Cuando me enteré de que los garbanzos se podían comer crudos fue uno de esos días en que la cocina me sorprendió.

¿Garbanzos crudos?

Si todo el mundo sabe que las legumbres son el único ingrediente que hay que cocinar para poder comer. ERROR. Podemos comer garbanzos casi crudos con la condición de que los hidratemos previamente. Ojo, hablo de CASI CRUDOS, porque no los vamos a comer crudos, crudos, pero la cocción no será tan agresiva, ni por asomo, como cuando los cocemos, al menos en el interior de la pieza.

Es común pensar que los garbanzos hidratados son duros como piedras o, mejor dicho, como garbanzos secos, por el tiempo que tardan en ablandarse cuando hacemos un cocido o cuando los hervimos.

Bien, es obvio que un alimento hidratado tiene una textura más blanda, así que los garbanzos no van a ser menos. Hablo de  garbanzos porque es la receta que traigo hoy, falafel de garbanzos, pero toda legumbre ablanda con la hidratación y, de hecho, podemos hacer falafel con la legumbre que queramos, alubias, lentejas... si bien es cierto que el falafel de garbanzos es el más característico.

Pero empecemos por el principio. El falafel es una receta oriental. Es una especie de croqueta o hamburguesa (según la forma que le demos), hecha con legumbres.

Para que nuestro falafel quede ESPECTACULAR, lo ideal sería pelar la legumbre una vez hidratada. En en vídeo te enseño que realmente no es difícil pelarlas, pero si es un poco rollete.

¿Y si no las pelo?

Tendremos un falafel más tosco pero muy rico.

Pasaremos de un falafel espectacular a un falafel buenísimo.
Esta receta es ideal para incorporar legumbres a la dieta en verano. Además, el falafel se acompaña típicamente de una salsa de yogur fresquita. Por lo que la combinación del falafel tibio y la salsa fresca, es una genialidad.

¿Resulta indigesto por ser legumbre "cruda"?

A mí nunca me ha hecho una digestión pesada. Aunque recomendaría dejar estos platos para la hora de comer porque sí es cierto que pueden hinchar un poco, como todas las legumbres. Pero para eso podemos usar especias en la receta que ya hemos visto, como el comino, la ajedrea, o una infusión de alcaravea con una pizca de canela media horita después de la comida.

En cuanto a si es mejor comer la legumbre cocinada o casi cruda como en este caso todo tiene su cara y su cruz. Resulta menos pesada una legumbre cocinada, pero cuando no la sometemos a cocción conservamos todos sus nutrientes. Lo que está claro es que para este falafel has de evitar la cocción de la legumbre casi por completo. Tan solo se cocinará el tiempo que tardemos en freír nuestro falafel.

Ingredientes:
  • 300 gramos de garbanzos hidratados.
  • 1 cebolla.
  • 2 ajos.
  • Perejil fresco.
  • Cilantro fresco.
  • 1 cucharadita de comido molido.
  • 1 cucharadita de pimentón.
  • 1/2 cucharadita de canela.
  • 1 cucharadita de impulsor o levadura química.
  • Harina de garbanzo para rebozar.
Para la salsa:
Elaboración:
  • Pon a remojo con las garbanzos el día anterior con abundante agua. Puedes dejarlos 8 horas a remojo o más. Yo los suelo dejar entre 12 y 24 horas. Si lo haces así cambia el agua cada 8 horas.
  • Para un falafel exquisito pela los garbanzos. Puedes obviar este paso si no tienes ganas.
  • Tritura los garbanzos hasta tener una pasta homogénea y granulada. Reserva en un bol.
  • Tritura la cebolla, los ajos, el perejil y el cilantro fresco, con las especias y la sal.
  • Mezcla ambas masas hasta que se integren por completo. Cubre con film y reserva en la nevera al menos 30 minutos para que aposenten los sabores.
  • Mientras prepara la salsa. Pica el cilantro fresco y mezcla todos los ingredientes de la salsa hasta homogeneizar. Reserva en la nevera.
  • Pasados los 30 minutos forma el falafel. Haz bolitas del tamaño de una albóndiga o aplasta para darle forma de hamburguesa y reboza en la harina de garbanzo. Retira el exceso de harina.
  • Fríe en aceite de oliva virgen bien caliente hasta que estén dorados. Es importante que el aceite cubra al falafel y que esté bien caliente, para crear una costra externa y que el aceite no penetre. Una vez dorados por fuera puedes bajar un poco el fuego para que se hagan un poquito más por dentro y no se quemen.
  • Haz por ambos lados todas las porciones y reserva sobre papel absorbente para retirar el exceso de aceite.
  • Sirve el falafel templado con la salsa fría de yogur.


Notas. 

  • Trituramos los garbanzos por un lado y la cebolla por otro para asegurarnos de que queden bien picados ambos ingredientes, pero puedes triturarlo todo junto.
  • Puedes usar otra harina para rebozar, pero ten en cuenta que la harina de garbanzo es apta para celíacos.
  • Atrévete a añadir o quitar especias a tu gusto.
  • Si no los vas a comer todos puedes congelarlos sin freír. Cuando lo vayas a hacer simplemente fríe directamente como si fuera una croqueta congelada. Pero ten en cuenta que tardarán un poco más en hacerse.
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