jueves, 24 de noviembre de 2016

Llámame loca




Llámame loca. De las de remate. De las que se emocionan con una sola canción. De las tocan la guitarra eléctrica imaginaria. De las que cierran los ojos y mueven la cabeza al son de las notas. De las que cantan y bailan por la calle, comedida si va sola y cuando cierra la puerta de casa empieza el apogeo. De las que cantan a grito "pelao", tiran los zapatos, dejan caer el abrigo al ritmo de la música y dan vueltas hasta desenganchar la manga.

Llámame loca. De las que abren la puerta con el tinte en la cabeza, en pijama, en bragas, o con masa de bizcocho en la frente. De las que el día que empiezan la dieta se zampan una pizza. De las que el día que se proponen madrugar es cuando más tarde se levantan. De las que fingen un orgasmo en el bar emulando aquella peli que tanto le gusta.

De las que gritan cuando se emocionan. De las que se emocionan con todo. Con un perro, con los charcos y con la coincidencia más chorra. De las que se ríen de vergüenza, de las que lloran de risa y de las que sueltan una carcajada en medio de la discusión más gorda.

De las bipolares. De las que ahora te quieren y al minuto de odian. De las que te comerían a besos y te echarían una mirada fulminante después. De las inconformistas, de las soñadoras, de las que buscan sus historias de peli. De las que no se entienden ni ellas.

De las que te quieren para reír a carcajadas pero disfrutan como una enana de su independencia. De las que se despiertan en posturas imposibles porque sus sueños han sido demasiado intensos. De las que se ponen nerviosas y balbucean cosas sinsentido cuando te ven porque le importas.

De las que no paran. De las que no saben lo que quieren porque lo quieren todo. De las que cantan, bailan, enseñan, cocinan, escriben, actúan, diseñan... de las que ¡todo!

De las que se valoran. De las que hoy todo y mañana nada. De las que hay que cuidar. De las que te cuidan. De las que valoran la amistad por encima de todo. De las que si quieres estarán ahí siempre, con sus incongruencias y con sus consejos locos.

De las que quieren volar, conocer, correr, saltar y tirarse por un puente. De las que parecen cuerdas y luego resultan ser la chota más chota. De las que inventan coreografías en la ducha. De las que corren por la calle.

De las que deciden un tatuaje en un minuto. De las que planean un viaje de 8 horas en un segundo para ir a un concierto en la otra punta de España. De las que no necesitan más que una sonrisa para emprender una aventura. De las que agarran el micro en el karaoke y cantan como si la fueran a nominar aunque su voz sea lo más espantoso del mundo.

De las que hablan solas. De las que tratan de hacerte sentir como de toda la vida aunque os hayáis acabado de conocer. Porque a la imbécil de ella no le gusta que la gente esté incómoda.

De las que disfrutan comiendo y se chupan los dedos hasta en el restaurante más pijo. De las que se suben a bailar a barras de bar. De las que no se cortan y van a por lo que quieren. De las que pasan de las reglas establecidas. De las que les importa un huevo la norma de las 5 primeras citas, o contar los días para llamar. De las que si quieren, quieren.

De las que sienten, de las que ríen, de las que lloran, de las que gritan, de las que disfrutan, de las que sonríen, de las que aman, de las que viven.


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