jueves, 1 de diciembre de 2016

Por qué no ser amigos




Hasta el gorro, hasta las narices, hasta las pelotas, como más contundente suene. Quedar con un colega, tomarse una caña tranquilamente y tener que dar 1.500 explicaciones, porque no, porque un hombre y una mujer no pueden ser amigos. Porque es algo impensable, porque siempre tiene que haber algo más.

Olvídate, no puedes quedar con alguien del sexo opuesto sin ninguna intención escondida. No, no puedes tomarte algo y charlar y conocer porque estás dando pie. No, no te lo puedes permitir porque no tienes pene. Y eso es motivo para dar a entender que quieres más.

Ojalá tuviéramos algo en la cabeza que nos diferenciara de los animales. Ojalá tuviéramos capacidad de decidir. Ojalá fuéramos animales racionales. Y ojalá tuviéramos una especie de interruptor que pudiéramos apagar cuando viéramos a alguien del sexo opuesto para poder contener las ganas irrefrenables de ponernos a follar como conejos.

Cuánta hipocresía y cuánta pena. Qué pasa en este chalado mundo para que este sea el pensamiento dominante.

Siempre he sido muy de amigos, en general, sin matiz de género, porque para mí es todo igual. Me gusta conocer, hablar, descubrir, pasármelo bien. Sin ninguna intención. Y me da pena que a día de hoy sea cada vez más difícil.

¿Cómo vas a tomar algo con un chico si no quieres nada? Qué locura. Asegúrate de dejarle las cosas claras antes porque le estás dando pie.

Qué triste.

Es cuando ocurren estas cosas cuando la nostalgia me teletransporta 20 años atrás, al patio del colegio, cuando el sexo aún no había entrado en nuestras vidas. Cuando quedábamos para jugar, cuando nadie creía que eras una calientabraguetas por quedar con tu vecino para pasear al perro, o con tu compañero de pupitre para echar unas canastas. Cuando la inocencia era la reina. Cuando todo era más fácil. Cuando nos divertíamos sin segundas intenciones, riéndonos a carcajadas y embarrándonos hasta la nariz.

Es curioso ver cómo según crecemos en lugar de aprender desaprendemos. Aprendemos materias nuevas, nos sumergimos en libros de texto. Lengua, matemáticas, inglés… pero olvidamos valores. Por mucho que en la escuela se empeñen en decir que nos los inculcan. Es inevitable. Crecemos y llega la inseguridad, o la seguridad desbordante, la ambición, las primeras veces, los miedos, las expectativas, la necesidad de estar a la altura, llega lo complicado.

Llevo años dándole vueltas a esa teoría absurda. Lo he hablado con muchas personas, lo he meditado con la almohada y lo he sufrido en mis carnes. Quizá sea miedo. Miedo a abrirse y  dejarse ver. Miedo a encontrar una gran amistad que nuestra futura pareja no comprenda porque defiende la teoría del absurdo. Miedo a acabar sintiendo atracción porque en el fondo creemos que esas amistades no funcionan. Porque quizá el impulso animal gane la batalla al raciocinio.

O quizá es que el ser humano es tan egoísta que siempre quiere sacar tajada. Que no quiera salir de su zona de confort. Quedar, no congeniar, ni como amigos ni como nada. Que la conversación aburra, que no haya feeling, que nada fluya. Qué menos que un polvo de recompensa para justificar esa pérdida de tiempo.

¿Es esa la razón? ¿O no hay ninguna y simplemente somos tan planos?

Desde cuándo la sociedad se ha vuelto tan extrañamente moderna o absurdamente anticuada para que los actos de me caes bien se traduzcan instantáneamente por quiero acostarme contigo.

No. No quiero acostarme contigo. Me caes bien, me divierto contigo, la conversación fluye, me lo paso bien, me río… pero no quiero acostarme contigo. No funciona así. Al menos para mí.

Eso implica algo más. Una física, una química, una reacción, unos nervios en el estómago, unos balbuceos, tartamudeos, no saber qué decir, quedarte en blanco. Desear la coincidencia, esperar el timbre del teléfono, de la puerta, el vuelco en el corazón, encontrar una foto y quedarte sin aire. Un brinco interno al ver que entras, quedarte parada por encontrarte por sorpresa. Pensar dónde estarás y si estarás bien. Una conexión, un hormigueo, un todo.

No, no quiero acostarme contigo. Si quisiera lo sabrías. Y quizá tampoco quiera acostarme contigo aunque ya lo haya hecho. Quizá esté harta de eso, quizá te quiera conocer, quizá quiera hablar, quizá quiera saber qué pasa por tu cabeza, qué te hace sentir mal y que te pone eufórico.

Y quizá solo quiera tomar una cerveza, un café, reírme contigo y contarnos anécdotas. Salir a bailar, a tomar una copa, a dar una vuelta o a patinar. Sin malentendidos, sin presiones, sin teorías absurdas y sin comeduras de tarro.

Sí. Quiero amigos, quiero amigas, gente que suma, llámalo X.

5 comentarios:

  1. Resulta curioso que mi interés en preparar una ensalada templada de bacalao me haya llevado a confitar bacalao, a unas fabes con setas y a conocer algo de lo que entiendes por amistad.
    Un tanto confusamente, en mi opinión. Yo creo que si haces un simple gesto tu amigo o amiga debería saber en qué plano quieres que se mantenga la relación. Supongo que, en mi caso. no me he visto tan asediado por las mujeres hasta el punto de tener ese problema ;-)
    Felicitaciones por tu blog, Saludos

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  2. Jajajajajajajajajajaja. Sí que te ha llevado el bacalao a temas dispares.

    La verdad que tengo que matizar que en lo que amistades se refiere no podría ser más feliz, sean amigos o amigas. Pero sí es cierto que cuando esa relación no es tan estrecha y quedas para un simple café, sí que tooodo el mundo cree que buscas algo más que pasar un rato charlando. ¡Ojo! Que jamás me he visto asediada, jajajaja, me ha encantado. Pero sí que me ha pasado en alguna ocasión. Y bueno, también me gusta hacer mis indagaciones cuando escribo y lamentablemente de 10 personas que he preguntado solo dos son de la opinión de que un hombre y una mujer pueden ser amigos, sin pretensiones, el 80% cree que una relación así es inviable. Y me entristece, es cierto. Creo que mucha gente debe modernizar su mente un poquito.

    Mil gracias por tu comentario y por tus palabras Jorge, me ha encantado. Y que hayas llegado a través de la ruta del bacalao más :)

    Un abrazo y ¡feliz año!

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  3. yo lo cambiaria por ...
    un hombre y una mujer que se gustan no pueden ser amigos ...
    si no es asi, si ...

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  4. Estoy de acuerdo. Pero el desconcierto llega cuando te dicen que en una relación hombre-mujer siempre va a haber una persona que se sienta atraída por la otra. Me lo han dicho y me sorprende.

    Pero aún así, aunque alguien sienta algo, ¿por qué no? Es decir. Si me encuentro con un amigo-conocido que hace años que no veo y quedamos para tomar algo... ¿qué le digo? "Perdona, ¿te gusto un poco? Porque de ser así no quedamos..." No sé, me da bastante pena la situación.

    Pero he de decir que también entiendo la gente que no lo ve así.

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  5. Yo entiendo que por ir a tomar algo un dia no pasa nada, pero si un hombre y una mujer se gustan, no podrán tener una relación de amistad, entnediendo por eso quedar con cierta frecuencia o ir a cenar, salir a tomar algo etc ...
    Un café se puede tomar con todo el mundo ...

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