jueves, 17 de noviembre de 2016

Y dale con el calvo





Llamadme nostálgica, pero creo a ojos ciegos que nací en la época de la ilusión, del valorar.

En la época en que cuando caían 4 copos de nieve bajábamos al portal en pijama a hacer un muñeco de nieve que medía apenas un palmo. Cuando desayunábamos pan con mantequilla los fines de semana y nos sabía al desayuno más burgués del mundo.

Esa época en que mamá nos hacía las bolsas de palomitas en casa para poder ir al cine y sacábamos con orgullo al comenzar la película. Eran las palomitas de mamá. Cuando merendábamos bocatas de filetes de jamón en los que dejábamos el diente, pero que comíamos porque era lo que había y lo convertía en el mejor bocata del universo.

Eran tiempos de juegos, tiempos de risas.  Tiempos en que los espacios publicitarios duraban dos anuncios. Tiempos en que los teléfonos estaban para hablar y los medios de comunicación para comunicar. Nada de apps ni anuncios sensibleros.

Pero oh, cómo hemos cambiado. Ahora los niños no piden una onza más de chocolate o un segundo petit suisse. Ahora piden un iphone 7 porque el 6 ya está obsoleto, el ultimo modelo de Hunter o el primer piercing con 12 años.

Antes mirábamos, opinábamos y debatíamos. Ahora miramos, juzgamos y criticamos.

Ahora no hay negros ni mariquitas. Ahora hay afroamericanos y gays. Aunque lo digas de tu mejor amigo, aunque lo diga él de sí mismo y te pida a ti que te dejes de estupideces. Ahora las palabras hieren, aunque las digamos con una sonrisa, sin mala intención, con cariño y empatía.

Las palabras hieren, provocan, enfadan y encienden llamas. Pero no, la maldad no está en la boca que habla, está en el oído que escucha. Ahora debemos ir de puntillas. Antes podíamos decir lo que quisiéramos, dónde y cuando quisiéramos. Y si daba lugar a un malentendido se hablaba y santas pascuas.

Ahora tenemos redes sociales donde expresarnos, relacionarnos, desahogarnos y comunicarnos. Pero cuidado, piensa lo que dices. Piensa, reflexiona, escribe, guarda en borrador, edita y si estás seguro, publica. Aunque ni siquiera esto te garantice que no haya malentendidos. Malentendidos que no te dará tiempo a aclarar porque ya serás viral, ya habrás encendido la llama y ya tendrás suficientes justicieros que decidan lo que has querido decir por mucho que te empeñes en demostrar lo contrario.

No digas que te cae mal un extranjero porque eres racista, no digas que los niños de la mesa de al lado te molestan con sus gritos porque no tienes corazón, no digas que no te gustan los perros porque eres Cruella de Vil. Si comes animales eres un sádico, aunque hasta el día de hoy todos lo hacíamos. Especistas, animalistas, racistas, feministas, machistas, feminazis, fachas, podemitas, peperos... Todo es etiquetable. Todo menos lo bueno, por supuesto.

¿Qué pasa con el optimismo, con el disfrutar de la vida y con el ver el vaso medio lleno?

Antes veíamos un anuncio nostálgico y lo disfrutábamos o no, pero no creaba polémica. Era un anuncio, sin más. Ahora no. Ahora nos quitan al calvo del anuncio de la lotería y se monta la de dios es cristo. Ya ni siquiera es que guste o no. Ahora se riza el rizo. Nadie ve detrás el trabajo de unos publicistas que han estado quién sabe cuánto tiempo para tratar de mejorar el anterior. No se da una opinión sin más. Se buscan cinco pies al gato.

"Es una vergüenza, se ríen de la gente que está senil, de la gente que vive con una mínima pensión, de los que cobran el ínfimo salario mínimo, de los que no llegan a fin de mes. Es el gobierno que lo hace para ridiculizarnos, las tarjetas black, las cuentas en paraísos fiscales, los presupuestos descabellados..."

Señores, no es una vergüenza, es un anuncio. Vergüenza es que un anuncio de lotería dé lugar a tanta miseria y a tantos reproches.

Vergüenza es que vivamos amargados, que la gente no sonría ni haciéndole cosquillas, que casi tenga que arrancarme a bailar para sacarle una sonrisa y unos buenos días al panadero. Que ya no se estile el ayudar a la gente. Que se lleve el estafar, el pisar y el aprovecharse.

Vergüenza es que en los 7 minutos que dura mi vuelta del trabajo a casa me haya topado con una pelea de señores de 60 años que han llegado a las manos, pero con ninguna sonrisa. Una pelea y cero sonrisas en 7 minutos y 200 metros.

Vergüenza es que nos sorprenda más topar con buena gente que con mala. Que cuente la anécdota de lo maja que ha sido la chica con la que me tropecé en la frutería durante una semana porque es algo inusual. Y que sin embargo ni mente cuando me dan un empujón por la calle.

No me hartaré de decir...

¡Señores! ¡LA FELICIDAD ES CUESTIÓN DE ACTITUD!

No importa que no encontremos trabajo, que nuestra pareja nos haya dejado o que nos cueste llegar a fin de mes. Quien quiere sonreír, sonríe. Quién quiere ser feliz, lo es. Quien quiere contagiar alegría, lo hace. Y lo suelto así, sin tapujos, porque es la pura verdad. Y sí, esto debería ser releído y editado, porque ahora los parados me criticarán, los despechados me insultarán y los que tengan dificultades económicas me odiarán.

Pero ¿saben qué? Yo he pasado, paso y pasaré por alguna de esas situaciones o por todas a la vez a lo largo de mi vida. Y sonrío. Sonrío porque hace tiempo que me he sacado el palo del culo. Sonrío porque quiero, porque quiero vivir y disfrutar. Porque quiero reír, porque quiero querer, porque quiero compartir y exprimir cada momento. Porque no quiero pasar de puntillas por la vida. Porque no sonríe quien puede sino quien quiere.

Sonrío porque cada minuto cuenta y porque me importa una mierda el calvo de la lotería.

4 comentarios:

  1. MUCHACHA, CADA DIA ME SORPRENDES MÁS, ERES UN PRODIGIO, Y NO ES PELOTISMO, ES REALIDAD PURA Y DURA, ME FASCINÓ, QUE VERDADES TAN GRANDES, TU VAS A SER MUY GRANDE EN ESTA VIDA, TE LO DIGO YO, CREETELO MI NIÑA, TE QUIERO

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  2. Me vas a hacer llorar y lo sabes. Que ya me has emocionado! Solo con que me digas eso ya me siento enorme. Te quiero!! Un abrazo gigantote!

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  3. Brindo por todo ello.
    Tenemos un lenguaje muy rico y amplio, como para dejar en desuso por peyorativas palabras como: marica, viejo, rancio, puta, negro y pendón, jaja.
    Ya me entiendes.

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  4. Jajajajajajajaja. Carapijo :)

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